TALLER & TESTIMONIOS · GUADALAJARA, JAL. 17 AGO 2026

HISTORIA REAL · ESCRITA POR SU ESPOSA

Mi hijo pasó 5 meses investigando el zumbido de mi esposo después de que él dijo que ya lo había “aceptado”

No lo aceptó.

RV
Rosa Elena V. 61 años · Esposa de un trompetista de banda, Guadalajara

Mi esposo tiene 64 años. Fue trompetista de banda durante 40 años, tocando en fiestas, bodas, plazas, con bocinas al máximo cerca de su oído izquierdo noche tras noche. Nunca usó protección, porque en su gremio nadie la usaba.

El zumbido empezó hace nueve años. Al principio decía que era del último tocada, que se le iba a pasar como después de cualquier evento fuerte. Nunca se le pasó.

Nueve años de un pitido agudo encima de cada momento de su día. Desayunando. Viendo el fútbol. Tratando de platicar conmigo. Tratando de dormir. Ahí está. Siempre está.

Fue con el otorrino particular. Audiometría completa. “Hipoacusia por exposición sonora crónica, común en músicos, sin cura, aprenda a vivir con ello.”

Sin cura. Se lo dijeron como quien reporta el clima.

Probó las gotas que le recomendó un colega músico, 400 pesos, nada. Unos tapones especiales de “terapia de sonido” que costaron cerca de 2,900 pesos, que ayudaban mientras los traía puestos pero en cuanto se los quitaba el zumbido volvía exactamente igual. Un tratamiento con acupuntura, seis sesiones, casi 1,800 pesos, sin ningún cambio real.

Gastamos más de 5,100 pesos en cosas que no sirvieron de nada.

En su cumpleaños del año pasado, nuestro hijo le preguntó cómo iba el oído. Le dijo: “está bien, hijo, ya es parte de mi vida, ya ni lo noto.”

Nuestro hijo lo miró como lo miraba de niño cuando llegaba de tocar toda la noche y decía que no estaba cansado.

“El médico dijo que no hay cura para el OÍDO. ¿Y si el problema no es el oído?”

Mi esposo no entendió a qué se refería. Ahí lo dejó. Pero nuestro hijo estudia ingeniería en sonido, así que sabe de esto más que cualquiera de nosotros, y no es de los que sueltan algo que no le cuadra.

Cinco meses se pasó en esto. Cinco meses leyendo estudios sobre acústica y sistema nervioso, viendo entrevistas con especialistas, buscando de madrugada entre ensayos.

Domingo · llamada con nuestro hijo

Él: “Papá, tengo que platicarte de algo. Un compañero de la carrera, Diego, tiene un papá con el mismo problema desde hace años, y me contó que encontró algo que de verdad le funcionó. No es sobre el oído. Es sobre el nervio auricular.”

Mi esposo: “¿El qué?”

Él: “El nervio detrás de tu oreja. Con tantos años de exposición a las bocinas, se sobreestimuló y se quedó atascado mandando señales a tu cerebro. Tu cerebro las interpreta como sonido. Eso es el zumbido.”

Le contó que Diego le pasó el enlace de la página de un producto llamado Nefca, con la explicación completa del mecanismo, escrita por un audiólogo. Por qué fallan los tapones de terapia de sonido, porque solo tapan la percepción, el nervio sigue disparando igual debajo. Por qué falla la acupuntura general, porque no apunta a ese punto específico.

“Es un dispositivo pequeño,” le dijo, “que se aplica justo detrás de la oreja, unos minutos antes de dormir. Manda un pulso calmante directo al nervio. El nervio se tranquiliza. El zumbido baja.”

Mi esposo le dijo que sonaba demasiado simple para algo que llevaba nueve años sin solución. Nuestro hijo le contestó: “papá, dejaste que un médico te dijera ‘aprenda a vivir con ello’ y le hiciste caso nueve años. Nada más entra a la página y lee cómo lo explican. Si es una tontería, perdiste cinco minutos. Si es real, vuelves a tocar de noche sin que te agote el doble.”

Así que entró y leyó. La explicación estaba escrita de una forma que ningún otorrino le había dado nunca. Mostraba dónde está el nervio auricular, con diagramas. Explicaba exactamente por qué se atasca en músicos expuestos a bocinas por años, y cómo estimular ese punto lo reinicia.

Todo tuvo sentido de golpe para él. Cada tapón inútil. Cada sesión de acupuntura sin resultado. Cada médico diciendo “aprenda a convivir.” Todos apuntando al lugar equivocado.

Pidió el dispositivo esa misma noche. Llegó a los cuatro días. Se lo aplicó detrás de la oreja, tal como lo explicaba la página. Unos minutos antes de dormir.

El zumbido bajó. No por completo. Pero lo suficiente para voltear hacia mí y decirme: “está más bajito.”

Esa misma noche

Yo: “¿Qué está más bajito?”

Él: “El zumbido. De verdad está más bajito.”

A mí se me salieron las lágrimas antes que a él.

Lo usó de nuevo antes de dormir. Durmió seis horas seguidas. No dormía así desde antes de que naciera nuestro hijo.

Cómo lo fue sintiendo — semana a semana (percepción propia, escala 1–10)

Antes
8 / 10
Semana 1
6 / 10
Semana 2
4 / 10
Semana 3
2 / 10
Basado en el relato de Rosa Elena sobre su esposo. No es una medición clínica ni representa resultados garantizados.

Para la segunda semana, aceptó una tocada de boda y regresó diciendo que había escuchado su propia trompeta con más claridad que en mucho tiempo.

Para la tercera semana, se sentó en el patio al atardecer y escuchó a los grillos. Le llamó a nuestro hijo para contarle. Él también se puso a llorar.

Llevamos ya siete semanas. Usa el dispositivo cada mañana y cada noche. El zumbido está en un dos la mayoría de los días. Algunos días se le olvida que lo tiene.

Mi hijo se pasó cinco meses investigando porque se negó a aceptar lo que su papá ya había aceptado. Tenía razón.

Se lo compartimos a dos compañeros de su banda, ambos con el mismo problema después de tantos años de bocinas. Los dos ya lo pidieron. Los dos dijeron lo mismo: “¿por qué ningún médico nos habló del nervio?”

No tenemos respuesta para eso. Pero sabemos que esa página le explicó más en cinco minutos que cualquier consulta en nueve años.

Conocer Nefca → VER PRODUCTO
Es la misma página que le compartió Diego a nuestro hijo
P.D. de Rosa Elena Su compadre Chava, 62 años, también trompetista, con zumbido desde hace más de diez años, lo pidió después de que mi esposo se lo enseñó. Le llamó al día siguiente y le dijo: “oí a mi nieta llamándome desde el patio. No el zumbido. A mi nieta. Primera vez en años.” Su esposa nos mandó un mensaje agradeciéndonos. No estamos inventando eso.
Quiero probarlo yo también → VER PRODUCTO